domingo, 24 de julio de 2011

La pregunta por la Seguridad Vial

La pregunta por la Seguridad Vial[1]


Doy inicio aquí a una serie de pensamientos que iré proponiendo como objeto de reflexión y discusión. Serán entregas destinadas para el Domingo: día en el cual el desafío será conmover conciencias a través de la palabra.
Los mismos se pretenden deliberadamente heideggerianos por dos razones: la primera es una cuestión de método: la meditación y la segunda es porque, dándole al concepto “técnica” toda su amplitud, se involucra la Seguridad Vial.
Comencemos por la primera para aclarar el por qué de Heidegger y el lugar desde donde busco hablar. Para ello jugaré indisciplinada, profanamente, con el primer párrafo del texto:
“En lo que sigue, preguntamos por la Seguridad Vial. El preguntar construye en un camino. Por ello es aconsejable ante todo prestar atención al camino y no quedarse adherido a proposiciones y títulos particulares. El camino es un camino del pensar. Todos los caminos del pensamiento conducen, de manera más o menos perceptible y de modo inhabitual, a través del lenguaje. Preguntamos por la seguridad vial y quisiéramos así preparar una libre relación con ella. Libre es la relación si abre nuestra existencia (Dasein) a la esencia de la seguridad vial. Si correspondemos a esta esencia, entonces podemos tener-experiencia (erfahren) de la seguridad vial en su delimitación”.
Seguidamente aceptemos que lo múltiple que compone la Seguridad Vial es un orden de técnicas: políticas, jurídicas, educativas, de acciones preventivas, de tecnologías, de planificación, de obras viales, etc. Todo este “universo” parte de un axioma: los siniestros viales son el resultado de una suma de causas, es decir: no hay “casualidades” si no “causalidades”, y esto no sólo es correcto en términos científicos-matemáticos, si no que también “debe ser así”: si no hay un corte de orden ontológico con los elementos “irracionales”, “no pensables”, “no cuantificables”, no resulta factible poner en funcionamiento ningún tipo de técnica que permita prevenir los siniestros.
De otro modo: sin una obturación del “orden” místico, ontológico (aquel que permite hablar el lenguaje de las “tragedias”, los “designios inescrutable de los dioses” y el “destino que todos tenemos y no conocemos”) no hay posibilidad de declinar la cuestión hacia un terreno humano, demasiado humano, que permita legislar, educar, controlar, analizar, investigar, penar, hasta lograr penetrar en lo más profundo de las conciencias para instalar un dispositivo que haga que jamás el conductor se transforme en un infractor.
Y aquí es donde propongo un abordaje desde otra perspectiva, lo que designo como “la” aporía de la seguridad vial: Si es verdad que Dios es el lugar en el que los hombres piensan sus problemas decisivos
[2] y que el sentido de la vida se decide en el más allá místico[3], entonces pregunto: ¿resulta posible elidir el espesor ontológico de la condición humana para emplear técnicas ónticas que modifiquen su conducta?
Dicho de otro modo: ¿es factible aplicar con éxito la multiplicidad de técnicas que la cuestión de la seguridad vial involucra haciendo “invisible” lo que determina y define nuestra condición humana? Se me objetará que si se logró en otros países también es posible hacerlo en el nuestro, se me objetará que –por más arraigado que esté el “sistema de creencias” en nuestra historia cultural- la solución lleva en sí la decisión del corte ontológico, se me objetará que esta meditación es metodológicamente incorrecta, aunque los familiares y víctimas de accidentes estén, por así decirlo, con un ojo acá y otro allá; sin embargo –y aunque me objeten y eso espero que hagan!!- debo responder lidiando con mi ateísmo militante: NO.
No es factible el éxito de una política de seguridad vial que excluya el elemento que abre nuestra existencia a la esencia.
¿Cómo? comprendiendo la espesura filosófica que implica la técnica y la seguridad vial, la necesaria incorporación crítica del problema de los valores, del valor de los valores, o sea, la valoración de donde proviene el valor. Comprendiendo que debemos acercamos al peligro (lo que nos es “imposible” de pensar) para poder iluminar el camino hacia la solución.
Para finalizar os dejo con un pensamiento de Spinetta: “Todas las cosas que se pierden las tiene en un bolso dios, todas esas estrellas amarillas están para una sola función”
[4].









Maximiliano Celendano





[1] El texto de Heidegger cuyo título aquí se remeda es: “La pregunta por la técnica” (Martín Heidegger, “La pregunta por la técnica”, Epoca de Filosofía, Ano 1 Nº 1, Barcelona, España, 1985, Trad. Adolfo Carpio)
[2] Giorgio Agamben, “Desnudez”, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2011. Trad. Mercedes Ruvituso y María T. D`Messa.
[3] Alain Badiou, Lógicas de los Mundos, Manantial, Buenos Aires, 2008. Trad. María del Carmen Rodríguez.
[4] Luis A. Spinetta, Disco: Pan, tema: Bolsodios, Universal Music, 2005.

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