domingo, 7 de agosto de 2011

La pregunta por la Seguridad Vial (4)


“Concluimos” la anterior meditación indicando que partiríamos hacia una nueva planteando una hipótesis inversa a la anterior. Gran parte de lo que sigue proviene de las influyentes reflexiones que Rudiger Safranski nos ofrece –recomiendo su lectura- pero tratadas de un modo irreverente: desde el vamos invierto el planteó del título del texto “La Libertad o el drama del Mal” (mal debe ser entendido, en lo que sigue, como el todo que involucra la violencia)
[1]
Segunda hipótesis:
B) El Libre Albedrío SI Existe.

El relato bíblico nos provee un apropiado comienzo: la mujer rompe la prohibición de Dios y pierde el paraíso (es decir, su inmortalidad, su unión ontológica con el Ser): “Por ello lo hecho del jardín del Edén, para que trabajara la tierra de donde había sido formado” (Génesis, 20).
La mujer cae así en la tierra donde será libre pero no sin antes haber sido sentenciada: “Maldita sea la tierra por tu culpa” (Génesis, 17). Llegamos así, grosso modo, al acto fundacional de la libertad humana: habiendo cometido el pecado original el castigo es la pérdida del paraíso y el insondable acto divino por medio del cual Dios se aleja “abandonando” a la mujer a su propia decisión, es decir, haciéndola responsable de sus actos.
Abro paréntesis: (Estamos ante un antiguo dilema filosófico-teológico: la violencia es inconciliable con la bondad de Dios; sin embargo, y sin pensamos en una suerte de teología escindida, ¿existe una lado violento en la divinidad? ¿habita, en lo más profundo de la divinidad, una creación a la que le es inmanente el mal? ¿Dios ha creado algo que puede negarlo? ¿por qué Dios no lo impide? ¿ha sido un acto “irónico” de la creación brindar la libertad –abriendo la posibilidad a la violencia- y, a la vez, prever el camino escatológico hacia la salvación y el reintegro al paraíso?) Cierro paréntesis, no es este el lugar para meditar estas preguntas que, sin embargo, me parecen apropiadas brindárselas al lector en el marco de una reflexión sobre la violencia.
Ahora bien, por definición Dios es incognocible. De modo que la totalidad del problema de la violencia es responsabilidad nuestra. Sólo existe el acto conciente violento, por medio del cual los humanos nos hacemos sufrir. Son estructuras que operan a diferente nivel sin posibilidad de mediación.
Pero entonces estamos en un camino seriamente más dificultoso que el planteado con anterioridad: si somos concientemente responsables ¿cómo es que no nos oponemos? ¿cómo es que no evitamos la víctima? (aquí se abre un interrogante que será motivo de otra meditación: la seguridad vial y sus causalidades técnicas, están fundadas sobre el sujeto cartesiano –pienso, luego existo-, reelaborado por la Ilustración moderna y cuya lápida histórica fueron los campos de concentración nazis).
Efectivamente, considero que la divinidad creó la libertad (el mal es una manera de ser de la libertad, decía Kant) fijando la dirección de la solución del problema a través de su hijo, Cristo: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (subrayado mío).
Allí, en ese altísimo momento de la Pasión, luego de padecer violencia ilimitada, Cristo nos devuelve el clavo: no sabemos, por eso podemos llegar a ser perdonados.
Pero, y “bajando” a los que nos concierne, esta situación nos lleva a una instancia límite: o sostenemos como correcta nuestra hipótesis anterior o bien, saltando –si es que ello es posible- lo desconocido nos afincamos en esta conclusión: la clave es la Educación.
Las dicotomías extremas son ideológicamente malvadas, pasionalmente irresolubles y práctica-políticamente inconducentes.
Debemos saber, saber todo. Salir de la era cómoda del nihilismo posmoderno incapaz de creer en nada, fundar –como Badiou lo busca- una metafísica prospectiva capaz de no caer en los errores del pasado y alentar un futuro esperanzador.
Queridos lectores, la violencia en la conducción se resuelve con conocimiento (partiendo, reitero hasta el hartazgo, que el nivel ontológico debe fundarse en el Amor siguiendo la preeminencia de la Víctima), con Educación Vial.
Ya me estoy yendo, pero antes, como siempre, un pensamiento de Spinetta: “Y vuelve en sí/Y vuelve en sí/como una flor/que al tiempo ignora”. (Sagrado Tesoro – En vivo en Obras -2002)
Hasta la próxima.



Bahía Blanca, 7 de Agosto de 2011
Maximiliano Celendano


[1] Rudiguer Safranski, “El Mal o el drama de la libertad, Ed. Tusquets, España 2005.

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